miércoles, 20 de abril de 2016

ELÍAS. FUEGO DEL CIELO


ELÍAS 3. FUEGO DEL CIELO

Habían pasado tres años de sequía y Dios habló a Elías, el profeta de Dios, para que fuera a ver al rey  Acab, "Pronto enviaré la lluvia" le dijo Dios.


El hambre que vivía el pueblo era terrible, el rey Acab estaba muy preocupado. Dios veía a Acab arrodillarse cada día ante Baal y pedirle: "Baal, envíanos lluvia, porque si la sequía continúa no tendremos alimentos, y nuestro pueblo morirá".



Elías visita al rey Acab. Cuando el rey se encuentra con Elías lo acusa de ser el causante de los problemas del pueblo, pero Elías le responde: "Tu y tu padre sois los que habéis causado los problemas al pueblo porque os habéis apartado del Dios verdadero y de sus mandamientos para iros tras los baales. Ahora convoca a todo el pueblo de Israel para que se encuentre conmigo en el monte Carmelo, y que vengan también los cuatrocientos cincuenta profetas de Baal y los cuatrocientos profetas de Asera que comen a la mesa de Jazabel".

El rey citó a todo el pueblo y a los profetas de Baal en el Monte Carmelo.

Allí en el monte, Elías habló al pueblo: "¿Hasta cuando vais a dudar, si creéis que el Señor es el verdadero Dios seguidle, pero si creéis que Baal es el verdadero seguid a Baal".

Elías les lanza un reto. "Yo soy el único profeta del Señor, pero Baal tiene 450 profetas. Traed dos toros, los profetas de Baal deben de matar uno y ponerlo en pedazos, yo haré lo mismo, y los pedazos los pondremos sobre madera, sin prenderle fuego. Yo le pediré a mi Dios y vosotros a vuestro dios; el que conteste con fuego es el Dios verdadero".



Durante horas los profetas de Baal, oraron y bailaron ante el altar que habían construido y gritaban ¡¡Baal, contéstanos!!. Pero solo hubo silencio, no hubo respuesta. 


Elías se reía de ellos, "Quizá vuestro dios está ocupado, o haciendo sus necesidades, o durmiendo..." pero ellos gritaban cada vez mas fuerte, toda la mañana y toda la tarde gritaron pero nada ocurrió.



Entonces le tocó el turno a Elías. Juntó al pueblo, tomó doce piedras para arreglar el altar de Dios, que había sido destruido, e hizo una zanja alrededor del altar en donde echó quince litros de agua. 


Colocó la madera y los trozos de toro encima y ordenó que echaran cuatro cántaros de agua encima hasta que quedara todo mojado.


Entonces Elías oró: "Dios, envía fuego del cielo".



 De repente Dios envió fuego del cielo que no solo quemó el sacrificio sino todo el altar, las piedras, la tierra y el agua de la zanja se secó inmediatamente.

Cuando los israelitas vieron lo que acababa de suceder delante de sus ojos echaron su rostro a tierra y dijeron: "El Señor es Dios, el Señor es Dios".

                                  


Elías ordenó prender a los profetas de Baal y allí murieron.

Elías le dijo al rey: "Alégrate Acab, en pocos días comenzará a llover". Acab enfurecido subió a su carro y se fue al palacio. pero tal y como Elías dijo así sucedió, en pocos días comenzó a llover.

Lo mas interesante de esta historia es que Dios no hace esta intervención sobrenatural para que los profetas de Baal se quedaran con la boca abierta y reconocieran que Dios era mas poderoso que Baal, ni tampoco para que el rey Acab dejara de adorar a los ídolos, lo que Dios quería era que su pueblo, el pueblo de Israel, se volviera a Dios. Dios quiere que nos volvamos a Él.

Elías creyó a Dios y lo obedeció. Aunque las cosas no estaban siendo fáciles, Elías creyó que Dios es poderoso para hacer que lo imposible se haga posible. Elías conocía quien era Dios, el todopoderoso. Éste es nuestro Dios, para Él no hay nada imposible.




















                                   











OTRAS ACTIVIDADES
http://www.covchurch.org/pacto-con-dios/files/2010/12/c731.pdf
http://blog.youversion.com/es/category/biblia-app-para-ninos/page/2/

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miércoles, 6 de abril de 2016

ELÍAS Y LA VIUDA

                    ELÍAS 2. Elías y la viuda de Sarepta


En un lugar llamado Sarepta vivían una mujer viuda y su hijo. Era una época de mucha hambre en Israel. No llovía desde que el profeta Elías visitó al rey Acab y le informó de que no llovería a causa de la idolatría.
Los ríos y los arroyos se habían secado y las tierras no producían. La terrible sequía había destruido las cosechas.

La mujer salió a buscar madera para encender la cocina y hacer una torta de pan; solo le quedaba un poco de harina y aceite, era todo lo que tenían para comer.
- Esta será nuestra última comida -pensó con tristeza.

Mientras estaba recogiendo la leña se le acercó un hombre que le pidió primero agua y después algo para comer. El hombre era el profeta Elías que acababa de llagar a Sarepta pues Dios le había ordenado que fuera a esa ciudad.

La viuda le dijo al profeta: -Sólo tengo un poco de aceite y harina para mi y para mi hijo. He salido a buscar leña para hacer una torta, esta será nuestra última comida, después moriremos.

Pero el profeta Elías insistió: -Prepárame una torta primero para mi, después comeréis tu y tu hijo. No os va a faltar comida hasta que vuelva a llover.


La viuda hizo lo que Elías le pidió, preparó la torta y le dio de comer primero al profeta.
Entonces sucedió algo increíble. La viuda no podía ir a la tienda a comprar porque no había nada en las tiendas, pero cada vez que se acercaba a su cocina había harina y aceite en cantidad suficiente para hacer unas buenas y ricas tortas.

Cada noche la tinaja de harina y la vasija de aceite se rellenaban, y la mujer viuda y su hijo no volvieron a pasar hambre.
Debido a que ella compartió lo que tenía en su casa, nunca volvió a tener necesidad.

Un tiempo después el hijo de la viuda enfermó de una grave enfermedad y murió. La viuda en su desesperación llamó a Elías.

Elías tomó al niño en sus brazos y lo llevó a su cama. Entonces oró a Dios pidiendo un milagro. Después Elías hizo algo muy sorprendente. Se echó encima del cuerpo del niño tres veces y pidió a Dios que hiciera que el niño volviera a vivir.


Y así sucedió, el niño revivió. Elías lo llevó en sus  brazos a su madre - Tu hijo vive, le dijo
La viuda estaba feliz, no solo había visto como por medio de Elías su hambre se había acabado sino que ahora su hijo, que había muerto, volvía a la vida.

- Ahora se que eres un hombre de Dios, y que la Dios habla de verdad por medio de ti, le dijo la mujer.


No hay nada imposible para Dios. Si creemos y obedecemos, Dios puede hacer grandes milagros.





















                  








Otros recursos y lecciones 


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